21.11.06

Burbujas, cómodas burbujas

El frío empezó a sentirse recién el domingo último. Pasaban poquitos minutos después de las seis y ahí estaba yo, cruzando sin mirar hacia abajo la pasarela del Tikal Futura y el viento fuerte de la mañana. Dejé mi carro en el estacionamiento 24 horas del edificio. Iba rumbo a Quiché y se hizo tan tarde, que era imposible que llegaran por mí a casa.

Al otro lado de la Roosevelt, un movimiento de personas y cierto ambiente de estrés me recibieron. Guardias de seguridad, albañiles, barredores, jornaleros, trabajadores de maquila, repartidores de comida rápida, y uno que otro viajero. Los oficios más agotadores, más indeseables, más humildes; todos ahí representados. Todos esperando con ansias la camioneta de parrilla, todos prestos a iniciar su jornada.

El ajetreo que se vivía en la parada contrastaba con la quietud de la calzada, que normalmente se encuentra atiborrada de vehículos, a esa hora, entre semana. Pero no, hoy no. Todos los que tienen un trabajo “normal”, de esos de 8 a 5, seguro están empezando a prepararse para ir a misa o al servicio con Cash Luna. Otros ya habrán tomado la bicicleta o trotan en las calles aledañas a su colonia. Y estarán también aquellos que no piensan en levantarse aún, pues la borrachera y la parranda recién han concluido.

Y ahí están los sencillos, a las seis de la mañana, ya listos. Aún temblorosos por los palanganazos de agua fría que los hicieron despertar, pero ahí están, aglomerándose en el puesto de comida de una familia indígena. La más pequeña, con cara de sueño y sin ningún papel definido en el negocio, espera los requerimientos de cualquiera de las otras mujeres. Ofrecían panes con huevo y frijoles, con chile, con pollo, con jamón. Había huevos duros, pan francés recién hecho y atol, creo que arroz en leche. Por supuesto, no faltaba Nuestro Diario.

Pensar que cada mañana de sus vidas puede no cambiar, que su rutina corre el riesgo de ser la misma, pues si pierden eso poco que tienen lo pierden todo y no les queda más que la fe, la resignación, o la opción de robar, me llena de impotencia. Pensar que ellos son como uno, que no tenemos diferencias, y sin embargo, me siento diferente. Todo eso me frustra, y me sucede cada vez que la burbuja en la que vivo se topa con las facetas de la Guatemala verdadera.

Yo también iba a trabajar, mas no por subsistencia. Yo iba a Quiché a donar mi tiempo y mi esfuerzo por un proyecto en el que creo. Ellos, en cambio, no tienen tiempo para soñar.

El ocio es un derecho, una necesidad, pero cómo desilusiona admitir que, para muchos, la posibilidad de descansar, de levantarse tarde, de echar la hueva un domingo, simplemente no cabe, no encaja.

Si cada cabeza es un mundo, yo agregaría que cada ser humano tiene a ese mundo metido en una burbuja. Esa burbuja integra las cosas que uno tiene, así como los propios pensamientos, los propios dogmas. En consecuencia esa burbuja se vuelve espacio cómodo, en donde uno se siente coherente y bien por lo que se hace. Pero la burbuja tiene sus fronteras, que llegan hasta donde existen realidades que da miedo enfrentar, que cuesta reconocer.

Uno critica tanto a los fresas que se aíslan en su burbuja de confort y alienación, y se refieren a este país con criterios ingenuos, vacíos y muchas veces estúpidos. Los criticamos por no atreverse a conocer la realidad, cuando a veces la Guatemala verdadera está del otro lado de la ventana de nuestros autos. Del otro lado de la calle.

Yo me siento responsable.

5 comentarios:

Pedro J. Sabalete Gil dijo...

Recién hoy me he enterado quien es Cash Luna, me parece increíble. Ojalá un día alguien decidiera que puede ser interesante que los niños estudien y coman. Tendrían más oportunidades. Gracias por ceder tu tiempo y visitarme. El ocio si que es un derecho, pero el usarlo para hacer algo en lo que crees es aún mejor.
Saludos.

Liliam dijo...

Tus escritos son muy sociales, y está perfecto.
Retrataste en este muy bien la realidad.

Besos.

Renata Avila dijo...

Todos vivimos en burbujas, Fer. Usted, en una , yo en otra burbuja muy distinta, y ellos también en otras tantas, entre Cash L. y la t.v. novela, la Selección y la falta de agua, o el chisme de la vecina. El problema es que nadie parece dispuesto a salir de ellas. A ver a los otros. A aterrizar los pies en la tierra y empezar a trabajar por la excelencia. A dejar de ser puro el caballito que solo ve su camino. A usar el cerebro, ser más críticos. Estar despiertos.

Fiamma dijo...

Describes muy clara y vìvidamente esos "mundos" diferentes que conviven en las calles de nuestro paìs... Ojalà y algun dìa cambie esa situaciòn...

¡Saludos!

Miriam dijo...

Yo no conozco tu país, y mentiría si dijera que sé mucho o algo de su historia, lamentablemente, no sé nada. Lo que sí te puedo decir es que la manera de expresarte me contagia de emoción por querer saber qué es lo que pasa y, si en este momento pudiera volar y llegar hasta tu Guatemala querida lo haría, con el único fin de estrechar la mano de tan grandioso soñador.

Saludos!