| Cómo me cuesta soportarla. Ha sido ella con la que más tiempo he durado, pero a veces es tan sofocante, tan terca, tan incisiva, que me harta. En ocasiones prefiero venir tarde a casa con tal de compartir con ella lo menos posible. Dos palabras y ya, sin más. Cuando vuelvo borracho funciona de maravilla. Sólo cierro la puerta, me meto en la cama y sin decirle una palabra, sin dedicarle una mirada, le doy la espalda. Otras veces, tras echar llave al portón, me siento directamente frente a la computadora. Doy la cara al trabajo pendiente y me distraigo. Al verme ocupado, se aleja y me deja en paz. Pero también suceden días en los que me toca verla a los ojos. La enfrento y convivo con ella sin ningún problema hoy, mañana a regañadientes. Depende qué tanto le agarre por joderme. Come a mi lado, ve televisión conmigo. Duerme junto a mí sin roncar, sin hacer un solo ruido. Es tan miserable por momentos que, de tanto restregar en mi cara la realidad, caigo en sus provocaciones. Y es entonces cuando me da por desenterrar pasados, por hacer posibles imposibles, por creer que todavía la otra, esa que estuvo antes de ella, sigue ahí. Ya conozco su reacción. Simplemente se sienta y me observa. Espera. Me ve hacer el ridículo cuando despierto a la nostalgia. Mis desafíos construidos de esperanzas no la inmutan, y se ríe mientras en mi cama entra cualquiera, la de siempre, la que me da o me dé, pues sabe que ni ella, ni la que estuvo antes, son capaces de quitarle su lugar. Me quejo mucho, sí, pero también es cierto que la quiero. A pesar de todo, es ella la única que me deja ser, la única que me deja soñar. Es mi cómplice y mi confidente. No reclama por mi música ni por el volumen. No critica mis hábitos alimenticios, ni mi dejadez con la ropa sucia. Ella sabe en quién pienso al despertar y antes de dormir. Cuando se acuesta a mi lado pone su cabeza en mi pecho, y comparte mis lecturas. Me hace pensar. Me escucha y aconseja. Luego me abraza y me da paz. Me ayuda a dormir. No sé cuánto tiempo más se quedará; si sólo está guardando el espacio o si permanecerá conmigo para compartir lo que me reste de triunfos y fracasos. Lo cierto es que ella, para bien o para mal, es mi compañera. |
29.11.06
Mi compañera
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4 comentarios:
Qué bueno tener una compañera de esa brutal naturaleza para poder aferrarse en los momentos de mieda que a veces tiene la vida.
Que bueno siempre contar con ella
Ella es la misma a la que Sabina canta, y la califica como amante inoportuna. Se llama soledad.
¿Era la soledad?
Vaya hombre, eso si que lo siento.
Saludos.
Gracias. A veces yo también lo lamento, pero en este momento nos estamos llevando muy bien.
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